Matthew Caws: «Quizás solo somos máquinas defectuosas»

 
Matthew Caws, en el ‘backstage’ de un concierto en una de las anteriores giras por España. / GAELLE BERI

Matthew Caws, en el ‘backstage’ de un concierto en una de las anteriores giras por España. / GAELLE BERI

 

El cantante de Nada Surf reflexiona sobre cuál es su verdadero trabajo, de la masculinidad tóxica y de si las personas son más buenas que malas por naturaleza; la banda americana inicia su gira española este miércoles, 4 de marzo, en Valencia y el jueves tocará en la Sala REM de Murcia  


Han pasado ya casi 25 años desde que Matthew Caws y Nada Surf nos contaran los secretos para convertirnos en los más populares del instituto. La canción era ‘Popular’ y su vídeo era uno de los que más se emitían en la MTV por aquella época, cuando era más difícil descubrir nueva música. Sin embargo, lo que en un momento pareció que iba a quedarse como otro ‘one-hit wonder’ de la larga lista, resultó ser el comienzo de una de las trayectorias más sólidas del panorama ‘indie’ internacional. La banda cuenta ahora con una base de seguidores fieles que no faltan a sus conciertos y una colección de discos y canciones que ya son casi patrimonio de España, su segunda casa.

Los neoyorquinos tienen nuevo álbum en el mercado, ‘Never not together’, con buenas críticas de los medios especializados, y arrancan su gira española este miércoles, 4 de marzo, en Valencia, que también incluye conciertos en Murcia (Sala REM, 5 de marzo), Madrid (La Riviera, 6), Bilbao (Kafe Antzokia, 7) y Pamplona (Zentral, 8). Tras la entrevista con el bajista Daniel Lorca, en la que nos contó algunas de las anécdotas más divertidas del grupo a lo largo de los años, intentamos ahora metemos en la cabeza de Matthew Caws (Nueva York, 1967) para descubrir cuál es la fuente de inspiración de sus letras y melodías, así como su particular visión sobre las personas, la actual industria musical y la canción con la que el grupo alcanzó la fama.        

–Con Daniel Lorca empezamos la entrevista hablando sobre las pruebas de sonido y las entrevistas, si son un incordio o no para las bandas. Al final casi se autoconvence de que es mejor subirse directamente al escenario. 

–Bueno, me gustan las pruebas de sonido. Creo que son importantes, que hacen que luego el concierto sea mejor y que vaya más tranquilo. Y lo del tema de las entrevistas, generalmente es algo que me gusta. Es cierto que a veces puede ser duro tener a mucha gente alrededor y que te pregunten sobre las canciones. Al final siempre acabo hablando sobre mí mismo y contando un poco todo lo que siento, aunque a veces pueda ser algo muy aburrido (risas), pero no pasa nada. Trato de pensar en ello como que es parte de mi trabajo, y que lo de escribir canciones es quizás más mi ‘hobby’, pero lo que sucede es que se trata de un ‘hobby’ que lo mueve todo. Es algo que hago por diversión. Los conciertos son divertidos y escribir canciones es divertido. Puede ser duro, pero lo disfruto. Mi trabajo de verdad quizás son las pruebas de sonido, las entrevistas y ese tipo de cosas, y la verdad es que es un buen empleo. Y además no tengo jefe, no trabajo para nadie, así que está bien (risas).

–Y podemos añadir al cóctel los ensayos para preparar los conciertos de la gira.

–Eso es algo que ocurre cada vez que hacemos un nuevo disco. Es como que te sabes las canciones lo suficiente para tocarlas y grabarlas para el disco, pero después cogen otra vida cuando le añades todo lo demás. Y luego pasa un tiempo y en su momento te las aprendiste de una en una y ahora tienes que sabértelas todas. Es algo que siempre hay que hacer. Y para mí hay algunas canciones que tienen muchísima letra –aquí seguro que se refiere a ‘Something I should do’, que contiene extensas reflexiones de Caws sobre la vida moderna– y realmente no me las sé todavía y tenemos que hacer todo ese trabajo previo –la entrevista se hizo en enero, justo antes del primer concierto de la gira–.

–El resultado final de todo ese trabajo es vuestro noveno disco, ‘Never not together’, tras cuatro años desde el anterior. ¿Ha sido esta vez más difícil grabarlo?

–No, simplemente me casé y me mudé a Inglaterra con mi mujer y tuvimos un bebé. Tenía un poco que ‘desenchufar’ mi vida como padre. Simplemente había días en los que anotaba ideas, pero realmente no llegaba a finalizar las demos ni a hacer nada serio. Quería darles a mi bebé y mi mujer toda la atención que realmente necesitaban. Podría haber seguido trabajando, pero decidí tomarme un pequeño descanso.


Escribir canciones es más bien mi ‘hobby’; mi trabajo de verdad quizás son las pruebas de sonido, las entrevistas y ese tipo de cosas
— Matthew Caws

–Ahora llega la pregunta clave y voy a ponerte muy fácil la respuesta de cara a la promoción. ¿Es este vuestro mejor disco?

–(Risas) Pues quizás sí, podría serlo, pero no lo sé. Y la razón por la que no lo sé es que cuando compongo una canción, la toco tantas veces, o si es una demo, también, de una forma en la que intento como ‘romperla’, si eso tiene sentido. Como si intentara comprobar si acabo cansado de ella. Y sucede algo parecido cuando publicamos un disco, que no sabes muy bien si las canciones realmente perdurarán en el tiempo, o si van a ser pegadizas o no. Así que diré que podría serlo, pero realmente no lo sé y tampoco me importa. Me gusta el disco.

–Entonces lo dejamos en un quizás.

–Sí, quizás.

–¿Y qué lo diferencia de los anteriores?

–Creo que hay diferencias en las letras. Cuando empezamos, era como un diario, solo escribía mis sentimientos acerca de mi vida sentimental y de mi vida en general. Ahora creo que está más dirigido hacia fuera. Es más bien lo que pienso sobre cómo debería ser la vida de los demás, cómo es nuestro interior y cómo y por qué debería cambiar. Se necesita que alguien te aporte algo de objetividad. Cuando estaba a medio de componer las canciones, surgieron más direcciones sobre lo que trataban las canciones. Por eso pienso que es más sobre todas las personas y menos sobre mí mismo.

–Una canción con cierto trasfondo personal, me imagino, es ‘Mathilda’ («They used to call me Mathilda/ My mama kept my hair long/ I was more pretty than handsome/ And I was not very strong/ My voice was kinda high/ Not a typical guy»).

–Es como una canción diferente, porque está compuesta por tres partes, lo que nunca habíamos hecho antes. Y además trata sobre un tema muy concreto, la masculinidad y lo complicado que es. La manera en que la masculinidad mal entendida puede acabar haciendo daño a hombres y mujeres, la masculinidad tóxica. Es un término muy presente últimamente en las noticias. Estaba interesado en cómo mostrarla desde otra perspectiva, porque no es solo algo negativo para las mujeres. Abordar el tema partiendo de la concepción que los hombres tenemos sobre cómo debemos comportarnos. Es algo con lo que crecemos, y hay mucho temor. Alguien me dijo una vez que cuando una mujer tiene una cita con un desconocido, su mayor miedo es su seguridad, mientras que si sucede al contrario y es un hombre el que ha quedado con una desconocida, su mayor temor es que se rían de él. Cuando era pequeño, tenía la voz aguda y el pelo largo, y los niños se reían de mí en la escuela por mi apariencia femenina, pero no pasaba nada, porque tenía un padre comprensivo. ¿Pero qué hubiera sucedido si mi padre hubiera tenido problemas con su propia masculinidad? ¿Y si me hubiera visto como afeminado y eso le enfadara? ¿En qué clase de persona me hubiera convertido? ¿Sería alguien lleno de ira o una persona violenta porque necesito demostrar mi masculinidad? Es complicado. Creí que sería interesante abordar este tema desde el punto de vista de un heterosexual.

–En cambio, hay un tema en el disco, ‘So much love’, que habla sobre las buenas intenciones y la vocación de amar y de ser amables de las personas. Entonces, ¿somos buenos o malos por naturaleza?

–Buena pregunta. Pues creo que somos más bien buenos de forma natural, pero sobre todo complicados. Somos un poco las dos cosas. Tengo un niño pequeño, y a veces es violento y le gusta romper cosas. Pero es increíblemente adorable la mayor parte del tiempo. Ya sabes que cuando los niños se enfadan por algo, o tienen una rabieta en casa, en plan ‘no me gusta eso’ o ‘quiero que me cortes la manzana así’, mucho de eso es amor. Es simplemente que le gustaba más la forma en que se lo dabas antes y, de repente, lo has cambiado. Pero está basado en una actitud positiva. Se trata de amor incluso cuando están así de enfadados. Pienso que muchas de las personas en el mundo que son malas, quizás les han herido de alguna forma. Se sienten solos. Quizás somos máquinas defectuosas. Nuestros cerebros son demasiado grandes y nuestra imaginación demasiado despierta. Somos complicados, pero definitivamente más buenos que malos.

 
 

–Uno de los puntos fuertes del disco es que se ha grabado en los estudios Rockfield, por donde han pasado desde Queen, Black Sabbath, Motörhead e Iggy Pop hasta Oasis, Coldplay, Kasabian y The Darkness. ¿Fue un aliciente más y una inspiración o al final no deja de ser un espacio con micrófonos, mesa de mezclas y muchos cables?

–Bueno, es un estudio mítico y lo he visto escrito en la parte de atrás de los discos toda mi vida. Es superfamoso porque allí grabó Queen, Oasis… Y hay muchas historias de los álbumes, como de los tres primeros de Echo and the Bunnymen y el ‘Shake some action’ de The Flamin’ Groovies... Pero lo más curioso es que está en medio del campo. Es como el primer estudio residencia que se construyó en los años 60. Creo que esto lo hemos hablado en otra entrevista, pero es cierto que hay muchos estudios que son fantásticos, que son simplemente unas salas con muchas máquinas que funcionan muy bien. Y si lo piensas, ¿qué sentido tiene? ¿Por qué fuimos afortunados de ir a un sitio que es historia viva? Pues lo bueno es que sí que influye en tus sentimientos. El estudio hizo que nos importara incluso más grabar un buen disco por toda la música que se había hecho antes allí y que nos encantaba. Queríamos hacer algo que nos gustara tanto. Y eso puede que nos hiciera trabajar un 5% o 10% más duro, y eso a su vez te hace un 5% o 10% más feliz y te da un 5% o 10% más de energía. Y eso cuenta mucho. Es un sitio muy bonito, con las ovejas, los caballos… Y el fundador venía y nos contaba muchas historias cuando no estaba en la granja. Es un sitio mágico.

–Debe serlo, con todos los discos que se han grabado allí.

–Todo el paisaje de alrededor parece sacado de ‘El señor de los anillos’ (risas).

–Existen muchas historias de bandas que detestan sus canciones más famosas. Si Oasis casi siempre tocaba ‘Wonderwall’, pero Radiohead rara vez incluye ‘Creep’ en sus repertorios, ¿qué se podría decir de Nada Surf y ‘Popular’?

–No lo sé. La verdad es que disfruto tocándola y no me importa hacerlo. Además, siento que debemos tocarla, aunque no nos sentimos obligados. Lo hacemos voluntariamente. Supongo que a los componentes de Radiohead no les gusta ‘Creep’. De lo contrario, no les importaría dar a los fans ese momento que tanto esperan en los conciertos. No sé qué tienen en sus cabezas, aunque puedo decir que los entrevisté hace tiempo, cuando trabajaba en la revista ‘Guitar World’, como dos días antes de que publicaran ‘OK Computer’. Tuve la oportunidad de estar con los cinco en una habitación y lo primero que pensé al acabar la entrevista fue «oh dios mío, quiero estar en esta banda». Fue alucinante. Pero no sé por qué no la tocan. [¡Atención, ‘spoiler’! En la gira norteamericana no tocaron ni una sola noche ‘Popular’, pero en Francia sí se tocó en los bises]


Trabajar en los estudios Rockfield hizo que nos importara incluso más grabar un buen disco por toda la música que se había hecho antes allí
— Matthew Caws

–Vuestro disco más mítico, ‘Let go’, podría ser el equivalente al ‘OK Computer’ para Radiohead, porque puso los cimientos de vuestra carrera y, además, ha marcado a muchos grupos. Tiene algo especial.

–Eso parece, y muchos fans lo sienten así. Fue un gran cambio respecto a los dos primeros discos. Nos reorganizamos y volvimos a empezar. Y mucho tuvo que ver con el tiempo. Si publicas tu primer álbum, consigues cierto éxito y no tienes cargas familiares, lo que debes hacer es seguir para adelante. Pero con nosotros todo se ralentizó y estuve como un par de años en casa. Fue totalmente diferente a la trayectoria normal de una banda. Aunque creo que en cierta forma nos ayudó para encontrar nuestro camino.

–Al hablar de ‘Popular’, que apareció en los mejores años de la MTV, y de un disco como ‘Let go’, de principios del 2000, es casi como mirar a otra época, una que ya no se parece nada a la actual era de Spotify y YouTube.

–Es una cultura totalmente diferente. No sé si es mejor o peor, aunque creo que probablemente sí. Es mayoritariamente buena para el público, aunque quizás quita algo de magia eso de poder escuchar lo que quieras cuando quieras, se pierde la motivación para buscar música y curiosear. Es menos romántico, pero si eres un adolescente ahora y te interesas por algo, puedes explorar toda esa cantidad de música que hay disponible. Mi hijo de 15 años está muy metido con el jazz fusión, escuchando discos superextraños. Incluso a artistas japoneses, material que es tan raro que ni siquiera lo encuentras en Spotify, sino en YouTube, y que a lo mejor no lo escuchan ni 160 personas. Es una locura, pero está disfrutando esa aventura, así que me alegro. 

–Lo que parece evidente es que hay muchas más facilidades para escuchar música y también para descubrir nuevos grupos y artistas, aunque muchas veces las recomendaciones vienen de la propia aplicación.

–Sí, y es genial, pero tiene la desventaja de que es como menos personal y especial. Hay cosas que escuchas casi de pasada, porque no prestas atención. Es como que le quita importancia a ese ritual que tenías de escuchar música, que antes te daba paz, porque estabas centrado en eso. Antes escuchábamos más atentamente, así que creo que se ha perdido algo, pero también se ha ganado mucho, evidentemente. Así que tendré que encontrar la paz en algún otro lugar (risas).